Los universitarios prefieren ser funcionarios antes que empresarios
Los universitarios prefieren ser funcionarios antes que empresarios
Josep Playà Maset | España es la décima potencia industrial del mundo pero ocupa el puesto 31 en los rankings sobre educación superior, el 33 en adecuación tecnológica, el 35 en innovación o el 36 en eficiencia de mercado. Los índices sobre competitividad y economía del conocimiento son preocupantes pese a las mejoras de los últimos diez años.
“Ni España ni Catalunya consiguen que los avances científicos se traduzcan en el PIB (producto interior bruto)”, afirma Antoni Garrell, presidente del Cercle per al Coneixement, una asociación que reúne a 230 directivos, profesionales y profesores.
¿Cuáles son las causas de este desfase entre la política macroeconómica y la competitividad global? ¿Y las soluciones? Los expertos dicen que el diagnóstico está más que definido pero la rectificación es más compleja, y se percibe cierto pesimismo al que no es ajeno en el caso catalán los cambios políticos: cuatro consellers en un año y la desaparición del Departament d´Universitats i Recerca. Se constata que no hay un modelo de investigación ni tampoco una predisposición de los estudiantes hacia la innovación. Estas preocupaciones se reflejaron en la jornada debate que anteayer organizó el Cercle per al Coneixement y los rectores de las cuatro universidades públicas del área de Barcelona, con la colaboración de LaVanguardia,en el aula magna de la Universitat de Barcelona (UB).
Enric Canela, catedrático de la UB y ex vicerrector, hizo un resumen poco halagüeño: “No hay un modelo de colaboración entre universidad y empresa y faltan recursos para pagar una ciencia de calidad”. Un ejemplo: llega dinero para investigación sin contrapartidas en over-heads (gastos indirectos), lo que provoca la descapitalización de la universidad.
“Está claro también que hay que innovar la administración y rechazar la política de igualdad que se practica en la universidad. Se ha de priorizar, buscar los líderes y apoyarlos con gratificaciones”, dice Enric Canela.
TEMOR AL RIESGO. Juanjo Villanueva, catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona, destacó que el entorno no promociona a los emprendedores. “Nuestros estudiantes no están por el riesgo”, dijo, Y explicó que un profesor que había ejercido en Estados Unidos y Catalunya hizo una encuesta a sus alumnos y que mientras allí un 65% aspiraban a crear una empresa, el 65% de los de aquí quiere llegar a ocupar un puesto en la administración, es decir, ser funcionario.
Otro dato elocuente: en la Europa de los 27, en el 2003, se registraron 65.000 patentes, 25.000 de ellas en Alemania y tan sólo 1.274 en España. En proporción al PIB, incluso Bulgaria supera a España. Este déficit refleja las carencias de la investigación pero también el temor a la cultura del riesgo. “Como señala el filósofo José Antonio Marina, no estamos acostumbrados a la incertidumbre, toda la educación se ha funcionarizado y no fomentan las actitudes y valores de la cultura del riesgo”, añade Canela.
PACTO NACIONAL. Tras el debate, los cuatro rectores y los miembros del Cercle plantearon en la cena posterior al conseller de Innovació, Universitats i Empresa, Josep Huguet, la necesidad de un pacto sobre política científica y que la enseñanza superior no esté condicionada por los ciclos político-electorales ni por la problemática a corto plazo del mercado de trabajo. El conseller se comprometió a reunirse con los organizadores del evento una vez que se publiquen las actas y a acelerar el pacto nacional. Ayer mismo, Blanca Palmada, comisionada de Universitats, explicó a este diario que el acuerdo del Govern ya prevé un pacto sobre investigación, pero que éste no tendría sentido sin contar con la universidad. De ahí la propuesta de pacto para la educación superior que está previsto este año. Se trata de un pacto sobre educación superior e investigación entre universidad y sociedad, cámaras de comercio, empresas… “Propondremos a los rectores un protocolo de desarrollo del pacto, en el que habrá un mapa de programación de las titulaciones”.
CONOCIMIENTOS APLICADOS. Antoni Garrell, presidente del Cercle del Coneixement, abrió el debate: “Los países con alto nivel de riqueza han de transformar su modelo productivo basado en el uso intensivo en mano de obra en otro en el que el eje vertebrador de la generación de valor sea la aplicación del conocimiento”. Sin embargo, añadió que la dinámica del mercado va en contra, “debido a las altas rentabilidades en sectores de bajo nivel de innovación y de profesionales poco cualificados”. Como medidas propuso facilitar la movilidad del profesorado, favorecer la creación de grupos de investigación fijos y dotados de los recursos suficientes, potenciar las spin-off (empresas impulsadas en la universidad), hacer del I+ D+ i la clave para la competitividad y favorecer la creación de grupos interuniversitarios en temas emergentes.
Màrius Rubiralta, rector de la UB - que actuó de anfitrión-, reconoció que, pese a que las universidades han creado un polo importante en el área de Barcelona, con una producción de conocimientos elevada y unos centros de excelencia fuertes, no han logrado traspasar ese potencial a la sociedad. “No hay una entrada importante de doctores en la empresa”, reconoció. Y Eugenio Doñate, ingeniero de la Universitat Politècnica de Catalunya , insistió en que “la universidad es buena en tesis, artículos pero no en la transformación de sus resultados en prototipos”.
MAS-COLELL Y LOS CENTROS DE EXCELENCIA. Jaume Bertranpetit, investigador en biología y ex vicerrector de investigación de la Universitat Pompeu Fabra, abrió el fuego con una crítica a la retórica de los políticos y la necesidad de considerar realmente a la universidad como un centro de investigación. “Añoramos las épocas de Rojo [secretario de Estado de Universidades e Investigación] y Mas-Colell [ conseller d´Universitats entre el 2000 y el 2003] y del resto ni nos acordamos” dijo Bertranpetit, y recordó que la investigación crece sin orden y sin continuidad en proyectos como los centros de referencia o las becas Ramon y Cajal.
También el catedrático de la UPC Josep Antoni Planell elogió la política de centros de excelencia diseñada por el ex conseller Mas-Colell, que ha permitido concentrar talento y dotarse de una mayor flexibilidad. Sin embargo, también señaló que, tal como le había afirmado un alto responsable del Instituto Max Planck, “en Barcelona hay muchas capillas pero ninguna catedral”. Otros ponentes señalaron la debilidad de las universidades catalanas para obtener proyectos europeos del próximo programa marco si no actúan conjuntamente. Josep M. Guilemany, profesor de la UB, matizó, ante la proliferación de parques científicos. que éstos deben ser tecnológicos, han de autofinanciarse y acercarse más al mercado.
INTERVENCIONISMO ESTATAL EXCESIVO. Planell señaló que uno de los males de la universidad es la rigidez funcionarial, el proceso de selección, el sistema de oposiciones e incluso la obligada homologación de los títulos oficiales. Puso un ejemplo: en el 2000 se creó Genoma Canadá con 300 millones de dólares y un consejo de administración de 16 miembros, de los que 3 son del Gobierno.
Por el contrario, en 2001 se creó Genoma España, sin presupuesto, con el ministro como presidente y una mayoría de miembros de la administración en el consejo.
Guilemany resaltó la necesidad de que la innovación se dirija al mercado y se mostró preocupado porque “cada vez hay menos jóvenes catalanes que hagan investigación en nuestros laboratorios”. Y añadió que los mejores investigadores se van al extranjero porque no se incentiva el espíritu innovador y no hay sueldos dignos, mientras que la administración funciona como hace veinte años, con demasiados filtros y burocracia. Ponentes y asistentes remarcaron el tiempo perdido cada año en presentar documentación para acceder a las ayudas.
MÁS ´SPIN-OFF´. Francesc Solé Parellada, profesor de la UPC, pidió “realismo en la investigación, lo que no significa investigación aplicada”. Solé Parellada planteó también otro debate al señalar que siempre se dice que no se crean empresas porque no hay financiación, “pero esto no es cierto”. Y repasó otras carencias, como la debilidad de los emprendedores. Como otros ponentes resaltó también el relativo éxito de los spin-off,empresas creadas en la universidad que acaban adquiriendo independencia jurídica y económica, aunque reconoció su pequeño tamaño.
Una de las frase más celebradas la pronunció el profesor Guilemany, cuando en tono irónico recordó a un ex director general de la Generalitat que le dijo: “No es cierto que hay divorcio entre la empresa y la investigación universitaria porque no ha existido matrimonio”.
La Vanguardia, 18/01/07